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MS Estonia: el fallo en la proa que convirtió una travesía del Báltico en uno de los peores naufragios europeos

MS Estonia: el fallo en la proa que convirtió una travesía del Báltico en uno de los peores naufragios europeos
⚓ DATOS DEL ACCIDENTE
📅 Fecha: 28 de septiembre de 1994
🚢 Tipo de buque: Ferry de pasajeros y vehículos
🇪🇪 Bandera: Estonia
🔢 IMO: 7921033
📍 Lugar: Mar Báltico, aguas internacionales al sur de Utö (Finlandia)
👥 Personas a bordo: 989
☠️ Fallecidos: 852
🛟 Supervivientes: 137

El ferry de pasajeros y vehículos MS Estonia se hundió en la madrugada del 28 de septiembre de 1994 en el mar Báltico, en aguas internacionales al sur de la isla finlandesa de Utö. A bordo viajaban 989 personas. Murieron 852 y sobrevivieron 137, en una catástrofe que sigue siendo el naufragio en tiempo de paz más mortífero ocurrido en aguas europeas.

El buque cubría la ruta regular entre Tallin y Estocolmo cuando, en medio de un fuerte temporal, perdió el visor de proa. La entrada masiva de agua en la cubierta de vehículos provocó una escora irreversible y un vuelco extremadamente rápido. El accidente reveló con crudeza la vulnerabilidad de determinados ferris de carga rodada ante la inundación de sus amplias cubiertas para vehículos y aceleró cambios de alcance internacional en materia de diseño, evacuación y respuesta de emergencia.

Ubicación del accidente

📍 Mar Báltico, aguas internacionales al sur de Utö (Finlandia) — 59.38200°N, 21.68200°E

Un ferry de carga rodada en la ruta Tallin-Estocolmo

El MS Estonia era un crucero-ferry de bandera estonia, registrado en Tallin y operado por Estline. Construido en 1980, tenía 157,02 metros de eslora, 24,21 metros de manga y un arqueo bruto de 15.598 GT. Como ferry de pasajeros y vehículos, estaba diseñado para embarcar tráfico rodado a través de una apertura situada en la proa, protegida por un visor exterior y una rampa interior.

Ese sistema facilitaba las operaciones portuarias, pero también concentraba un riesgo fundamental: si el cierre de proa fallaba y el agua alcanzaba la cubierta de vehículos, el comportamiento del buque podía deteriorarse con rapidez. En una cubierta amplia y abierta, el agua se desplaza de un costado a otro con el movimiento del barco. Ese denominado efecto de superficie libre reduce la capacidad de recuperación tras una escora y puede precipitar el vuelco.

El Estonia salió de Tallin el 27 de septiembre de 1994 a las 19:15, ligeramente retrasado respecto a su horario. Su llegada a Estocolmo estaba prevista para la mañana siguiente. Llevaba 803 pasajeros y 186 tripulantes; la mayoría de los viajeros eran suecos y gran parte de la tripulación era estonia.

Antes de partir, el buque presentaba una ligera escora a estribor relacionada con la distribución de la carga. La travesía se desarrolló además bajo condiciones meteorológicas exigentes. En el Báltico se registraban vientos de entre 15 y 25 metros por segundo, fuerza 7 a 10 en la escala Beaufort, y olas significativas de cuatro a seis metros. La temperatura del aire rondaba los 10 grados y el agua se encontraba entre 10 y 11 grados, un factor decisivo para quienes acabaron en el mar.

Liferaft from MS Estonia
Accident Investigation Board Finland. / Wikimedia Commons / Public domain · Fuente

Ruidos en la proa y una emergencia que avanzó en minutos

Las primeras señales de alarma se produjeron poco después de la una de la madrugada. Se escuchó un fuerte golpe metálico procedente de la proa, probablemente causado por el impacto de una ola sobre las puertas de acceso. La comprobación realizada se limitó a los indicadores luminosos de la rampa y el visor, que no mostraron anomalías.

Durante los minutos siguientes se repitieron los ruidos. La investigación oficial concluyó que, aproximadamente a las 01:15, el visor de proa se separó del casco y arrastró consigo la rampa interior. Las revisiones conjuntas posteriores de las autoridades estonias, finlandesas y suecas situaron la separación del visor y la escora inicial probablemente poco después de la una.

El agua entró entonces en la cubierta de vehículos. La escora a estribor se incrementó de forma fulminante: inicialmente alcanzó unos 15 grados; hacia las 01:30 el buque había llegado a una inclinación de 60 grados y, alrededor de las 01:50, alcanzó los 90 grados. El Estonia redujo velocidad, cayó a babor y finalmente perdió por completo la propulsión.

A las 01:20 se emitió por megafonía un aviso en estonio: “Alarma, alarma, hay alarma en el barco”. Primero se activó una alarma interna de tripulación y, un minuto después, la señal general de emergencia. Pero la inclinación ya dificultaba enormemente el desplazamiento a bordo.

Muchos pasajeros quedaron atrapados en camarotes y pasillos. La inundación no se limitó a la cubierta de vehículos: el agua avanzó también a través de ventanas, huecos de escaleras y corredores. Con el buque cada vez más escorado, las olas alcanzaron cubiertas superiores y rompieron grandes ventanales. Supervivientes relataron que el agua descendía desde paneles del techo, escaleras y zonas que todavía no estaban totalmente sumergidas.

Un mayday incompleto y una búsqueda condicionada por el temporal

La llamada de socorro se emitió a las 01:22, pero no siguió inicialmente el formato internacional de mayday. El Estonia contactó con el ferry Silja Europa y solo después empleó la palabra “Mayday”. La falta inicial de una posición precisa, agravada por la pérdida de energía, demoró la coordinación de las operaciones de búsqueda y rescate.

Más tarde, el buque pudo transmitir su posición al Silja Europa y al Mariella. Su último mensaje por radio reflejaba el deterioro extremo de la situación: “Realmente mal, ahora sí que parece realmente mal”.

El Estonia desapareció de las pantallas de radar hacia las 01:50. Se hundió en aguas internacionales, al sur de Utö, en las coordenadas 59,38200° N y 21,68200° E, sobre un fondo de entre 75 y 80 metros.

La operación de salvamento se organizó bajo el Convenio Internacional sobre Búsqueda y Salvamento Marítimos de 1979. El Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo de Turku dirigió la respuesta conforme a los planes finlandeses. Sin embargo, el dispositivo previsto para el Báltico —apoyo inicial de ferris cercanos y posterior intervención de helicópteros— quedó desbordado por la velocidad del hundimiento, el número de personas implicadas y el estado de la mar.

El Mariella fue el primero de cinco ferris en llegar, a las 02:12. La emergencia a gran escala no fue declarada hasta las 02:30. Las condiciones impedían a los ferris arriar con seguridad sus botes de rescate o embarcaciones de supervivencia. El Mariella consiguió facilitar balsas a las que se trasladaron 13 personas y comunicó la posición de otras.

Los primeros helicópteros llegaron a las 03:05. Las aeronaves suecas evacuaron supervivientes a tierra, mientras que helicópteros de la Guardia de Fronteras finlandesa asumieron la compleja maniobra de aterrizar sobre las cubiertas de los ferris. Uno de ellos rescató a 44 personas, más que todos los ferris participantes en conjunto. El MS Isabella salvó a 16 supervivientes mediante su tobogán de rescate.

The Super Puma OH-HVG of the Finnish Boarder Guard flying.
LPfi / Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0 · Fuente

852 víctimas en una noche de agua fría

De las 989 personas a bordo, 138 fueron rescatadas con vida, aunque una de ellas falleció posteriormente en el hospital. El balance final fue de 852 muertos y 137 supervivientes.

Los buques rescataron a 34 personas y los helicópteros a 104. La mayoría de las víctimas murió ahogada o por hipotermia. En aguas a apenas 10 u 11 grados, el tiempo de supervivencia era muy limitado. Cuando los helicópteros llegaron a la zona, aproximadamente un tercio de quienes habían logrado abandonar el ferry ya había muerto por hipotermia.

La comisión estimó que hasta 310 pasajeros pudieron alcanzar las cubiertas exteriores. De ellos, unos 160 llegaron a balsas salvavidas o embarcaciones de supervivencia. Aun así, menos de la mitad de las personas que lograron salir del barco fueron finalmente rescatadas.

Se recuperaron 94 cuerpos: 93 durante los 33 días posteriores al siniestro y el último 18 meses después. Cerca de 650 personas permanecían dentro del ferry cuando se hundió. Entre las víctimas se encontraban los cantantes Pierre Isacsson, de Suecia, y Urmas Alender, de Estonia.

La investigación oficial: el visor de proa como origen del siniestro

La investigación oficial examinó el pecio mediante vehículos submarinos operados a distancia y trabajos de buceo. Su conclusión fue que los cierres del visor de proa cedieron por los esfuerzos provocados por el oleaje. El visor se separó del buque y abrió la rampa interior, permitiendo la entrada de agua a la cubierta de vehículos.

El informe sostuvo que los sistemas de aviso de “abierto” o “sin cerrar” no se activaron porque el visor y la rampa se desprendieron en puntos que no generaban esa alerta. La disposición del puente tampoco permitía observar directamente el visor, y el monitor de la rampa interior no era visible desde la posición de gobierno.

Además, se determinó que el visor estaba infradimensionado desde el punto de vista de la seguridad. Durante el proceso de fabricación y aprobación del buque, el visor y sus elementos de fijación no fueron considerados componentes críticos. La investigación vinculó el primer golpe metálico con el fallo del mecanismo de cierre inferior; los ruidos posteriores corresponderían al visor golpeando contra el casco mientras cedían otros cierres, hasta desprenderse por completo.

El informe también fue crítico con actuaciones de la tripulación. Señaló que no se redujo la velocidad antes de investigar los ruidos de proa y que no se identificó con rapidez que la escora se debía a la entrada de agua en la cubierta de vehículos. Añadió observaciones sobre la demora en activar la alarma, la respuesta de la tripulación y la falta de orientación desde el puente.

Estonias bogvisir, placerat på Muskö Örlogsbas.
Anneli Karlsson / Wikimedia Commons / CC BY 4.0 · Fuente

Nuevas inspecciones y debates sobre el casco

El hundimiento siguió siendo objeto de revisiones durante décadas. En 2020, un documental sueco difundió imágenes submarinas en las que aparecía un agujero de cuatro metros en el casco. El hallazgo llevó a Estonia, Finlandia y Suecia a impulsar una nueva investigación técnica.

Las hipótesis sobre una posible colisión con un submarino ganaron atención pública, pero el informe intermedio difundido en enero de 2023 por la autoridad sueca de investigación de accidentes concluyó que no existían indicios de colisión con otro buque u objeto flotante, ni de explosión en la zona de proa.

Ese informe sí estableció que el Estonia no era apto para navegar en las condiciones certificadas. La inspección exigible de los elementos de proa no se había realizado, lo que habría permitido detectar defectos en el visor. Además, una exención relativa a la ubicación de la rampa de proa no constaba en los certificados. La conclusión fue contundente: si se hubiera efectuado la inspección y registrado la exención, el buque no habría operado la ruta Tallin-Estocolmo y el accidente probablemente no se habría producido.

Las investigaciones conjuntas realizadas entre 2021 y 2022 utilizaron cámaras, fotogrametría 3D, escáneres láser y otros equipos para estudiar las deformaciones del casco. En julio de 2023 se recuperaron la rampa de proa y piezas metálicas extraídas del casco por buceadores en la década de 1990.

También circularon teorías sobre una explosión encubierta o el transporte clandestino de material militar. Las investigaciones oficiales rechazaron que una explosión causara el naufragio. Suecia y Estonia confirmaron que el ferry había transportado material militar no explosivo los días 14 y 20 de septiembre de 1994, pero el Ministerio de Defensa sueco indicó que no había ese material a bordo el día del accidente. Un documento que atribuía al buque carga militar nuclear y relacionaba el hundimiento con una explosión o colisión fue considerado una falsificación por la autoridad sueca en 2025.

Un pecio protegido y cambios duraderos en seguridad marítima

El pecio permanece a entre 75 y 80 metros de profundidad y fue declarado tumba protegida en 1995 mediante un tratado internacional. El acuerdo prohíbe a los ciudadanos de los Estados firmantes aproximarse al lugar. La ubicación ha sido vigilada por radar y, tras el accidente, se descartó elevar el casco por las dificultades técnicas, el coste y las implicaciones morales de recuperar cuerpos del fondo marino.

El desastre impulsó modificaciones relevantes en la normativa marítima. Se introdujeron requisitos de formación en gestión de multitudes, crisis y comportamiento humano para tripulaciones de buques de pasaje. También se reforzaron los criterios de guardia y se exigió que las radiobalizas de emergencia se desplieguen automáticamente, frente al sistema manual que llevaba el Estonia y que no llegó a activarse.

El accidente influyó asimismo en la implantación de registradores de datos de viaje, en nuevas reglas de balsas salvavidas para evacuaciones con fuerte escora y mar gruesa, y en requisitos de estabilidad para ferris de pasajeros. Desde 2010, las normas SOLAS 90 establecen exigencias específicas para buques existentes; en el noroeste de Europa, los ferris deben poder soportar hasta 50 centímetros de agua en la cubierta de vehículos.

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