El Felicity Ace, un buque ro-ro dedicado al transporte de automóviles, se incendió el 16 de febrero de 2022 mientras navegaba por el Atlántico Norte rumbo a Estados Unidos. La emergencia obligó a evacuar a sus 22 tripulantes, todos rescatados con vida por la Armada Portuguesa, pero el fuego y los daños posteriores acabaron provocando la zozobra y el hundimiento del barco el 1 de marzo.
El siniestro tuvo una dimensión excepcional por la naturaleza de su carga: 3.965 vehículos del Grupo Volkswagen, incluidos modelos de Audi, Porsche, Lamborghini y Bentley. El valor estimado de los automóviles perdidos superó los 400 millones de dólares en algunas estimaciones, mientras que los análisis sobre el daño de la carga lo situaron entre 334 y 401 millones.
El caso también volvió a poner el foco sobre la complejidad de combatir incendios en portavehículos, especialmente cuando en las cubiertas de carga viajan vehículos eléctricos con baterías de ion-litio. Sin embargo, pese a las especulaciones iniciales, no se determinó de forma concluyente que un coche eléctrico fuera el origen del incendio.
Un portavehículos de gran capacidad rumbo a Rhode Island
El Felicity Ace era un buque de carga rodada, conocido en el sector como pure car/truck carrier: un diseño específicamente concebido para embarcar y desembarcar coches y camiones mediante rampas, distribuyéndolos en varias cubiertas interiores.
Construido en 2005 por Shin Kurushima Dockyard, en Japón, el barco tenía 200 metros de eslora, 32,26 metros de manga y un arqueo bruto de 60.118 GT. Navegaba bajo bandera de Panamá, con registro en Ciudad de Panamá, y llevaba el número IMO 9293911. Estaba gestionado dentro del grupo Mitsui O.S.K. Lines (MOL).
El 10 de febrero de 2022 había salido de Emden, en Alemania, con destino a Davisville, Rhode Island, en Estados Unidos. En sus cubiertas viajaban 3.965 vehículos de las marcas del Grupo Volkswagen. La carga incluía, además de turismos convencionales, modelos eléctricos como el Volkswagen ID.4 y el Audi e-tron.
Entre los vehículos transportados figuraban quince Lamborghini Aventador LP 780-4 Ultimae, cuya producción ya había terminado cuando se produjo el accidente. También viajaban coches y camiones de propietarios particulares, así como numerosos tractores.
El incendio declarado en plena travesía atlántica
La emergencia se inició el 16 de febrero de 2022, cuando el Felicity Ace cruzaba el Atlántico Norte al sur de las Azores. El fuego se declaró en la sección de carga, a unos 320 kilómetros de la isla de Terceira, según los datos comunicados durante la operación.
La naturaleza cerrada de las cubiertas de un portavehículos puede dificultar la lucha contra un incendio. En este tipo de buques, los vehículos se encuentran concentrados en espacios interiores de gran volumen, lo que complica el acceso a los focos y puede favorecer la propagación del humo y del calor entre las cubiertas.
En las primeras informaciones sobre el siniestro, el capitán del puerto de las Azores señaló a Reuters que las baterías de ion-litio de coches eléctricos se habían incendiado y que el fuego requería equipos especiales para ser extinguido. Aquella afirmación alimentó la atención sobre la presencia de vehículos eléctricos a bordo.
No obstante, la cuestión esencial quedó sin resolver: no se confirmó que un vehículo eléctrico hubiera iniciado el incendio. El origen del fuego permaneció indeterminado de forma concluyente, pese a las posteriores controversias y reclamaciones relacionadas con baterías de vehículos eléctricos.

Evacuación completa: 22 supervivientes y ninguna víctima mortal
Ante la imposibilidad de garantizar la seguridad de la tripulación a bordo, los 22 miembros del equipo abandonaron el buque. La evacuación se realizó sin fallecidos ni desaparecidos: las 22 personas a bordo sobrevivieron y fueron recogidas por la Armada Portuguesa.
El patrullero portugués NRP Setúbal siguió al Felicity Ace durante la emergencia, mientras se organizaba una respuesta de salvamento y extinción. El barco permanecía a aproximadamente 170 kilómetros al suroeste de las Azores, a la espera de que medios especializados pudieran intervenir sobre el incendio y establecer una maniobra de remolque.
La ausencia de víctimas personales contrastó con la gravedad material del accidente. La tripulación logró abandonar el buque antes de que el fuego, la deriva y los daños estructurales hicieran inviable su recuperación segura.
Una operación de salvamento condicionada por el fuego y la distancia
El 18 de febrero, la empresa Smit Salvage fue contratada para encargarse de las operaciones de salvamento. Se movilizaron dos grandes remolcadores equipados con sistemas de lucha contra incendios desde Gibraltar, además de una embarcación de salvamento con medios contraincendios desde Róterdam, prevista para llegar el 23 o 24 de febrero.
La distancia respecto a tierra y las dimensiones del propio buque condicionaban la respuesta. Un portavoz de la Armada Portuguesa indicó que era poco probable que el Felicity Ace fuese remolcado hasta un puerto de las Azores debido a su tamaño.
Durante aproximadamente una semana, el portavehículos permaneció a la deriva y ardiendo en el Atlántico. Tras la extinción del fuego, un equipo de Smit logró abordar el barco y estabilizarlo. También consiguió establecer una conexión de remolque con un remolcador.
Ese avance no fue suficiente para asegurar la flotabilidad del buque. El incendio había afectado a un barco concebido para alojar una enorme cantidad de vehículos en cubiertas interiores, y los daños acumulados terminaron por comprometer su estabilidad.

La escora a estribor y el hundimiento
El desenlace se produjo el 1 de marzo de 2022. Mitsui O.S.K. Lines informó de que el Felicity Ace había desarrollado una escora de 45 grados a estribor y que, de forma inesperada, volcó alrededor de las nueve de la mañana, hora local, en condiciones de mar gruesa.
El barco se hundió a unos 350 kilómetros al suroeste de las Azores, en una zona cuya profundidad ronda los 3.000 metros. La combinación de la escora, el estado del mar y las consecuencias del incendio terminó con las posibilidades de remolcar y recuperar el portavehículos.
Tras el hundimiento, la Armada Portuguesa comunicó que se observaban residuos aceitosos y restos del naufragio en la superficie. MOL no pudo confirmar entonces si se había producido contaminación por hidrocarburos. Las fuerzas navales portuguesas mantuvieron la vigilancia de la zona.
El pecio quedó, por tanto, a aproximadamente 3.000 metros de profundidad, fuera del alcance de una intervención convencional de recuperación.
La causa: incertidumbre sobre el origen del fuego
La causa principal del accidente fue un incendio cuyo origen no quedó determinado de manera concluyente. La presencia de coches eléctricos y de baterías de ion-litio convirtió el caso en un referente de los riesgos asociados al transporte marítimo de este tipo de carga, pero la información disponible no permite atribuir con certeza el foco inicial a uno de esos vehículos.
La distinción es relevante. Una cosa es que las baterías de ion-litio pudieran arder durante el siniestro y exigieran medios de extinción especializados; otra, diferente, es establecer que una batería concreta provocó el incendio inicial. Esa relación causal no fue confirmada.
La controversia siguió abierta en los años posteriores. En 2024, Volkswagen todavía afrontaba litigios en Alemania presentados por demandantes entre los que figuraban Mitsui O.S.K. Lines y Allianz SE, uno de los aseguradores del buque. Los reclamantes sostenían que la batería de un Porsche eléctrico habría desencadenado el incendio y alegaban que Volkswagen no les había informado sobre los riesgos y precauciones necesarias para transportar esos vehículos.
Se trata de alegaciones formuladas en el marco de procedimientos judiciales, no de una conclusión definitiva sobre la causa del incendio. Por ello, el caso del Felicity Ace permanece marcado por una diferencia fundamental entre los hechos constatados —un incendio en la carga, la evacuación, la pérdida del buque y los vehículos— y las hipótesis todavía discutidas sobre el origen exacto de las llamas.

Una pérdida de carga de cientos de millones de dólares
El hundimiento supuso la pérdida total de los vehículos transportados. Porsche contabilizó 1.117 coches perdidos; Audi, 1.944; Volkswagen, 561; Bentley, 189; y Lamborghini, 85 unidades.
Las cifras reflejan la concentración de valor que puede transportar un único portavehículos en una ruta intercontinental. Los analistas estimaron los daños asociados a la pérdida de la carga entre 334 y 401 millones de dólares, mientras que otras estimaciones elevaron el valor de los automóviles embarcados por encima de los 400 millones.
La pérdida de los quince Lamborghini Aventador LP 780-4 Ultimae tuvo especial repercusión por tratarse de la última edición del Aventador y por haberse cerrado ya la producción del modelo. Lamborghini reconstruyó las quince unidades perdidas; la última fue diseñada con una estética inspirada en el Miura P400.
Más allá del impacto comercial para las marcas, el accidente mostró las consecuencias que puede tener un incendio prolongado en un buque de transporte de automóviles: una vez perdida la integridad operativa de la nave, la salvaguarda de la vida humana pasa a ser prioritaria y la recuperación de la carga queda subordinada a la estabilidad del barco, al acceso de los equipos de salvamento y a las condiciones meteorológicas.
Un accidente que subrayó los desafíos de los incendios en portavehículos
El Felicity Ace no dejó víctimas mortales, un resultado decisivo en una emergencia desarrollada a cientos de kilómetros de tierra. Pero el siniestro evidenció las dificultades operativas que plantea un incendio en un portavehículos de gran tamaño: grandes espacios de carga cerrados, una alta concentración de vehículos y la necesidad de equipos especializados cuando intervienen baterías de ion-litio.
La respuesta incluyó evacuación naval, seguimiento del buque, contratación de salvamento especializado, despliegue de remolcadores con capacidad contraincendios y un intento de estabilización y remolque. Aun así, el incendio, la posterior escora y el mal estado de la mar terminaron por hacer irreversible la pérdida del buque.
El Felicity Ace quedó hundido en el Atlántico Norte con su carga, mientras la causa precisa del incendio continuó siendo objeto de debate técnico, asegurador y judicial. Su naufragio dejó una referencia clara para el transporte marítimo de vehículos: la gestión de incendios a bordo sigue siendo un factor crítico de seguridad en una flota que transporta cada vez más automóviles electrificados.
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