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Andrea Doria: la colisión en la niebla que cambió la seguridad marítima

Andrea Doria: la colisión en la niebla que cambió la seguridad marítima
⚓ DATOS DEL ACCIDENTE
📅 Fecha: 26 de julio de 1956
🇮🇹 Bandera: Italia
📍 Lugar: Frente a Nantucket, Massachusetts, Estados Unidos
👥 Personas a bordo: 1706
☠️ Fallecidos: 46
🛟 Supervivientes: 1660

La noche del 26 de julio de 1956, el transatlántico italiano Andrea Doria colisionó frente a Nantucket, Massachusetts, con el buque sueco Stockholm. El impacto abrió una enorme brecha en el costado de estribor del navío italiano, provocó una rápida escora y dejó inutilizada buena parte de sus embarcaciones de supervivencia.

A bordo viajaban 1.706 personas entre pasajeros y tripulantes. La operación de socorro permitió rescatar a 1.660 supervivientes, pero 46 personas murieron como consecuencia directa del accidente. El Andrea Doria se hundió unas horas después, en uno de los siniestros marítimos más conocidos de la posguerra y en un caso que expuso los límites de los sistemas de radar, los procedimientos de navegación y la estabilidad de los grandes buques de pasaje.

Ubicación del accidente

📍 Frente a Nantucket, Massachusetts, Estados Unidos — 40°29.408′N 69°51.046′W

Un símbolo italiano en la ruta Génova-Nueva York

El Andrea Doria, con bandera italiana y registro en Génova, era un transatlántico de lujo de la naviera Italian Line. Había entrado en servicio en 1953 y representaba la recuperación de Italia tras la Segunda Guerra Mundial, en un momento en que el país buscaba reconstruir su flota mercante y su presencia en las rutas atlánticas.

Con 213,80 metros de eslora, 27,50 metros de manga y 29.083 GT de arqueo bruto, era uno de los buques italianos más importantes de su época. Su capacidad rondaba los 1.200 pasajeros, además de una tripulación de unos 500 miembros, distribuidos en las tradicionales clases primera, cabina y turista. Las instalaciones incluían comedores, salones, espacios de cubierta y piscinas diferenciadas por clase.

Su diseño incorporaba elementos considerados avanzados: doble casco, 11 compartimentos estancos, radar de alerta temprana y 16 botes salvavidas. En teoría, el buque podía permanecer a flote con dos compartimentos adyacentes inundados. Sin embargo, aquella concepción tenía límites decisivos: los mamparos estancos no se prolongaban por encima de la cubierta A y los botes sólo podían arriarse con seguridad hasta una escora máxima de unos 15 grados.

En su último viaje hacia Nueva York, el buque transportaba 1.134 pasajeros y 572 tripulantes. Había partido de Génova el 17 de julio, con escalas en Cannes, Nápoles y Gibraltar antes de cruzar el Atlántico.

Dos derrotas que convergieron en la niebla

En sentido contrario navegaba el Stockholm, de la Swedish American Line, rumbo a Gotemburgo desde Nueva York. Era un buque notablemente menor: medía unos 160 metros de eslora y tenía un diseño más funcional que el del transatlántico italiano. La noche de la colisión llevaba 534 pasajeros y 208 tripulantes.

Las condiciones meteorológicas marcaron el encuentro. Al sur de Nantucket son frecuentes los bancos de niebla por el contacto entre la corriente fría del Labrador y la corriente del Golfo. El Andrea Doria llevaba horas navegando con visibilidad reducida y había reducido ligeramente su marcha, de 23 a 21,8 nudos. También había activado las señales acústicas de niebla y cerrado puertas estancas.

El Stockholm, en cambio, navegaba inicialmente con cielo despejado y a unos 18 nudos. Su derrota le había situado al sur del Nantucket Lightship y al norte de la ruta recomendada para los buques que salían de Estados Unidos hacia el este. Esa posición lo llevó a cruzarse con tráfico que avanzaba en sentido oeste.

Ambos buques detectaron la presencia del otro mediante radar, pero interpretaron de forma distinta el rumbo y la distancia de aproximación. Tampoco establecieron una comunicación radioeléctrica inicial. En un contexto de niebla espesa, visibilidad decreciente y una velocidad combinada cercana a 40 nudos, el margen de maniobra desapareció en pocos minutos.

La investigación posterior describió que el Andrea Doria fue cayendo hacia el sur, a babor, con la intención de realizar un cruce por estribor. El Stockholm también alteró hacia el sur, a estribor, buscando aumentar la separación para un cruce por babor. Las maniobras, lejos de separarlos, los colocaron en una trayectoria de colisión.

Cuando ambas tripulaciones se avistaron visualmente, estaban demasiado cerca. El Stockholm cayó con fuerza a estribor e inició la inversión de sus hélices. El Andrea Doria, aún cerca de sus 22 nudos de marcha, giró con fuerza a babor. A las 23.10 horas aproximadamente, la proa reforzada del buque sueco embistió el costado de estribor del transatlántico italiano.

Lo scafo dell'Andrea Doria libero dai ponteggi con la nave che si prepara al varo. Collezione A.C.
Unknown author Unknown author / Wikimedia Commons / Public domain · Fuente

Una brecha crítica y una escora irreversible

El impacto se produjo casi en ángulo recto. La proa del Stockholm, diseñada para operar en aguas del Atlántico Norte, penetró cerca de 12 metros en el casco del Andrea Doria, aproximadamente a un tercio de la eslora desde proa y por debajo del puente.

La colisión abrió cinco tanques de combustible situados a estribor, que comenzaron a llenarse con miles de toneladas de agua. En el lado opuesto, a babor, otros tanques vacíos conservaban aire y aportaban flotabilidad. Ese desequilibrio aceleró la escora hacia estribor.

El problema no fue sólo la entrada de agua en una zona concreta. La inclinación superó rápidamente los límites previstos en el diseño. Cuando la escora pasó de 20 grados, el agua pudo rebasar los mamparos estancos y propagarse a compartimentos contiguos por corredores, escaleras y otras aberturas. La inundación afectó también a la zona de generadores, con la consiguiente pérdida de electricidad.

La estabilidad del buque se vio agravada por una cuestión que adquirió gran relevancia después del accidente: los tanques de combustible, ya casi vacíos al final de la travesía, no habían sido lastrados con agua de mar. Esa operación estaba prevista para mantener el equilibrio del barco, aunque encarecía el repostaje posterior. Sin ese lastre, la escora tras la colisión fue más pronunciada.

El capitán Piero Calamai ordenó detener las máquinas. Los ingenieros intentaron achicar los tanques inundados de estribor e introducir agua en los de babor para corregir la inclinación, pero las tomas ya habían quedado fuera del agua. La situación se volvió irrecuperable.

Los botes que no pudieron utilizarse

La emergencia mostró con crudeza la relación entre estabilidad y capacidad de evacuación. El Andrea Doria llevaba botes suficientes por normativa para pasajeros y tripulación, repartidos a ambos costados. Pero la fuerte escora dejó los botes de babor elevados sobre el agua e imposibles de arriar con seguridad.

Por tanto, la mitad de los botes salvavidas quedó inutilizada. Los del costado de estribor sí pudieron emplearse, aunque con grandes dificultades: tuvieron que bajarse inicialmente vacíos y los evacuados embarcaron a ras del agua mediante cabos y escalas de gato.

El Andrea Doria emitió una llamada de socorro solicitando asistencia inmediata. El mensaje fue recibido por estaciones costeras y por buques cercanos. La tripulación mantuvo instrucciones de orden a los pasajeros, que debían ponerse los chalecos salvavidas y dirigirse a sus puntos de reunión.

La decisión de abandonar el buque no se produjo de inmediato. El capitán Calamai temía que una orden prematura desatase el pánico en los botes disponibles, insuficientes por sí solos para evacuar a todos los presentes. Esa cautela resultó crucial porque el transatlántico permaneció a flote durante más de diez horas.

MS Stockholm bow damage after she collided with SS Andrea Doria
John Rooney / Wikimedia Commons / Public domain · Fuente

Una operación de socorro decisiva

La densidad de tráfico marítimo en el área, que había contribuido al riesgo de colisión, se convirtió después en un factor favorable para el rescate. El carguero Cape Ann fue el primero en atender la llamada. También acudieron el transporte de la Armada estadounidense USNS Private William H. Thomas y el escolta destructor USS Edward H. Allen.

El Stockholm, pese a tener su proa muy dañada, se mantuvo a flote y estable. Tras comprobar su situación, envió botes para colaborar en el salvamento. Muchos de los primeros evacuados fueron trasladados a bordo del propio buque sueco.

La intervención más relevante correspondió al transatlántico francés Île de France, que se encontraba a 44 millas náuticas del lugar. Su capitán, Raoul de Beaudéan, decidió invertir el rumbo tras comprender la magnitud de la emergencia. Al llegar, la niebla había levantado y pudo situar su buque de manera que protegiera parcialmente al Andrea Doria del viento y el oleaje.

El Île de France encendió toda su iluminación exterior y empleó sus diez botes en un continuo traslado de supervivientes. Recogió a 753 personas, la cifra más alta de la operación. El Stockholm embarcó 545 supervivientes, mientras que el Cape Ann, el Private William H. Thomas y el Edward H. Allen también rescataron a decenas de personas.

La evacuación evitó una catástrofe de mayor dimensión. De las 1.706 personas a bordo del transatlántico italiano, 1.660 fueron rescatadas con vida. La coordinación entre buques, el uso de las comunicaciones de socorro y la permanencia a flote del Andrea Doria fueron determinantes.

El hundimiento y las víctimas

Una vez completada la evacuación, la posibilidad de remolcar el Andrea Doria hacia aguas menos profundas quedó descartada. La escora, la inundación progresiva y el deterioro estructural confirmaban que el buque no podía salvarse.

A primera hora de la mañana, la tripulación restante abandonó el barco. El hundimiento se aceleró a partir de las 9.45. Finalmente, el transatlántico se sumergió de proa a las 10.09 horas del 26 de julio de 1956, tras haberse alejado unas 1,58 millas náuticas del punto de colisión.

Murieron 46 personas a bordo del Andrea Doria, la mayoría en las zonas alcanzadas directamente por la proa del Stockholm. Cinco tripulantes del buque sueco también perdieron la vida, lo que elevó el balance total de víctimas de la colisión a 51. Entre los fallecidos del transatlántico italiano, 43 murieron en el momento del impacto; otros tres fallecieron posteriormente por lesiones o problemas médicos sufridos durante la evacuación.

Photo of the SS Andrea Doria half submerged after colliding with the Swedish ship Stockholm off the coast of Nantucket Island, Massachusetts in July 1956. When Trask won the 1957 Pulitzer Prize for Photography for his photos of the sinking ship, this image was cited as the "key photograph" in the sequence.
Harry A. Trask / Wikimedia Commons / Public domain · Fuente

Sin dictamen definitivo sobre la causa

La causa principal del accidente no fue determinada de forma concluyente. Tras la colisión se celebraron audiencias durante meses en Nueva York, con declaraciones de oficiales, abogados y representantes de las compañías. Sin embargo, las navieras alcanzaron un acuerdo confidencial extrajudicial y el proceso se cerró antes de que se publicara una determinación formal de responsabilidades.

La niebla fue considerada un elemento central, pero no el único. Entre los factores señalados figuraron el uso e interpretación del radar, la falta de comunicación inicial entre ambos buques, la velocidad mantenida con visibilidad limitada y las maniobras de giro adoptadas en los minutos críticos.

La normativa de navegación establece que, ante un encuentro frontal, los buques deben caer a estribor. El Stockholm giró a estribor, mientras que el Andrea Doria lo hizo a babor. El capitán Gunnar Nordenson, comandante del buque sueco, fue exonerado de culpa al considerarse que el capitán Calamai había ordenado una maniobra contraria al procedimiento habitual.

Pero la controversia no terminó ahí. También se cuestionó la derrota seguida por el Stockholm, el cálculo de distancia efectuado desde su radar y el hecho de que el Andrea Doria no hubiera lastrado sus tanques de combustible vacíos. Estudios y simulaciones posteriores plantearon la posibilidad de que el oficial de guardia del Stockholm hubiera interpretado erróneamente la escala de su radar y sobreestimado la distancia entre ambos barcos.

Un legado para la navegación y un pecio frágil

El accidente impulsó cambios en la seguridad marítima. Las navieras reforzaron la formación en el manejo de radares y se exigió una mayor atención a las comunicaciones por radio entre buques que se aproximaban. También quedó reafirmada la obligación de virar a estribor en situaciones de encuentro frontal.

El pecio del Andrea Doria quedó inicialmente a 49 metros de profundidad, frente a Nantucket, en las coordenadas 40°29.408′N 69°51.046′W. Durante décadas fue objetivo de expediciones de buceo, atraídas por el estado inicial del buque, su valor histórico y los objetos que conservaba.

Con el paso del tiempo, la estructura se ha deteriorado de forma intensa. El casco se ha fracturado, cubiertas superiores han caído al fondo y los accesos han cambiado o desaparecido. Las corrientes, la profundidad, la baja visibilidad y las redes de pesca han convertido el lugar en un entorno especialmente peligroso. Al menos 22 buceadores han muerto durante inmersiones en el pecio.

El Andrea Doria permanece como un caso de referencia por una combinación de factores: una colisión en niebla, dos interpretaciones incompatibles de una aproximación detectada por radar, deficiencias de estabilidad y una evacuación salvada por la respuesta de otros buques. Su hundimiento no tuvo una explicación oficial definitiva, pero sus consecuencias ayudaron a redefinir prácticas esenciales de seguridad en el mar.

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