Cuando la Armada Española dio origen a la bandera de España
En mayo de 1785, el secretario de Estado Antonio Valdés presentó al rey Carlos III una lámina con doce propuestas de bandera para la Armada Española. Algunas incluían franjas azules, otras eran mayoritariamente blancas e incluso había diseños que recordaban más a las enseñas de la Casa de Austria que a un distintivo propio para la marina española.
Carlos III eligió la propuesta número 1: la combinación de franjas roja, amarilla y roja que hoy identifica a España. Sin embargo, aquella elección no respondió a motivos estéticos ni políticos, sino a una necesidad puramente marítima.
Una bandera pensada para ser reconocida en alta mar
A finales del siglo XVIII, muchas potencias europeas utilizaban banderas de fondo blanco en sus buques de guerra, lo que dificultaba distinguirlas a distancia durante las maniobras y los combates navales.
La nueva bandera debía ser visible desde lejos y diferenciar con claridad a los buques españoles. Por ese motivo se eligieron los colores rojo y amarillo, mucho más fáciles de identificar en el mar y bajo distintas condiciones de visibilidad.
Aquella decisión convirtió a la nueva enseña en la bandera de la Armada y, con el paso de los años, terminó adoptándose como bandera nacional.

El documento original se conserva casi 240 años después
La hoja manuscrita presentada por Antonio Valdés a Carlos III aún se conserva y permite contemplar las doce propuestas originales entre las que el monarca realizó su elección.
Este documento constituye una de las piezas más importantes de la historia marítima española, ya que muestra el momento en el que una decisión tomada para mejorar la identificación de los buques en el mar acabó dando lugar a uno de los principales símbolos de España.

