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Atlantic Empress: la colisión que desembocó en el mayor vertido de un buque

Atlantic Empress: la colisión que desembocó en el mayor vertido de un buque
⚓ DATOS DEL ACCIDENTE
📅 Fecha: 19 de julio de 1979
🚢 Tipo de buque: Buque tanque VLCC
🔢 IMO: 7358975
📍 Lugar: 18 millas náuticas (33 km) al este de Tobago, mar Caribe
☠️ Fallecidos: 26

El 19 de julio de 1979, el petrolero SS Atlantic Empress colisionó con el superpetrolero Aegean Captain a 18 millas náuticas al este de Tobago, en el mar Caribe. El choque, producido bajo una lluvia intensa y una niebla espesa, provocó incendios a bordo de ambos barcos y abrió una emergencia que se prolongó durante más de dos semanas.

El Atlantic Empress terminó hundiéndose el 3 de agosto tras verter 287.000 toneladas métricas de crudo al Caribe. El accidente dejó 26 tripulantes fallecidos en el Atlantic Empress y se considera el mayor vertido de petróleo causado por un buque registrado hasta entonces. La tragedia evidenció cómo una colisión entre grandes petroleros, incluso lejos de la costa, podía transformarse en una crisis humana, operativa y ambiental de enorme alcance.

Dos superpetroleros en rutas opuestas

El Atlantic Empress era un buque tanque VLCC, siglas de Very Large Crude Carrier, una categoría empleada para transportar grandes volúmenes de crudo. Construido en 1974 en el astillero Odense Staalskibsværft, en Odense (Dinamarca), había sido botado el 16 de febrero de 1974.

Con 347,2 metros de eslora y 51,8 metros de manga, el buque tenía unas dimensiones propias de los grandes petroleros de su época. Su arqueo bruto era de 128.398 GT y su peso muerto alcanzaba 292.666 toneladas. En el momento del accidente era propiedad de South Gulf Shipping Company, de Grecia, y navegaba bajo bandera de Liberia.

El petrolero transportaba crudo ligero propiedad de Mobil Oil y cubría una ruta entre Arabia Saudí y Beaumont, Texas. Frente a él navegaba el Aegean Captain, otro superpetrolero griego cargado, que se dirigía desde Aruba hacia Singapur.

La coincidencia de dos petroleros de gran porte, ambos con carga, en una zona afectada por condiciones meteorológicas muy adversas resultó decisiva. La visibilidad era tan reducida que los barcos no llegaron a verse hasta encontrarse a apenas 550 metros de distancia.

ATLANTIC EMPRESS, West Indies, 1979 - ITOPF

Lluvia intensa, niebla y una maniobra ya insuficiente

La colisión se produjo a las 19:15 horas. Según la secuencia conocida del accidente, el Aegean Captain cambió de rumbo al detectar la proximidad del otro petrolero, pero la reacción llegó demasiado tarde para evitar el impacto.

El Atlantic Empress abrió un boquete en la zona de proa de estribor del Aegean Captain. En una situación de ese tipo, la energía asociada a dos grandes buques cargados puede causar daños estructurales graves en cuestión de segundos. En este caso, el golpe derivó inmediatamente en grandes incendios a bordo de ambas unidades.

La combinación de combustible, daños en los cascos y fuego hizo que la emergencia escapara pronto al control de las tripulaciones. Los marinos de los dos petroleros tuvieron que abandonar sus barcos mientras las llamas se extendían. La causa principal identificada fue, por tanto, la colisión en condiciones de visibilidad extremadamente limitada, marcada por la lluvia fuerte y la niebla espesa.

No consta en los hechos disponibles una investigación oficial detallada que atribuya responsabilidades concretas más allá de las circunstancias de navegación descritas. Tampoco se recogen revisiones posteriores de las maniobras, fallos técnicos específicos o decisiones individuales de los equipos de puente. La información permite establecer con claridad el marco inmediato de la tragedia —dos superpetroleros que se detectaron demasiado tarde—, pero no ir más allá en la asignación de causas operativas.

Evacuación bajo el fuego

El coste humano fue especialmente grave en el Atlantic Empress. La colisión y el incendio causaron la muerte de 26 de sus tripulantes. En el Aegean Captain falleció un miembro de la tripulación.

Los supervivientes de ambos barcos fueron trasladados a Tobago para recibir atención médica. El capitán del Atlantic Empress fue evacuado posteriormente a un hospital de Texas tras haber inhalado humo y fuego. La prioridad inicial fue alejar a las tripulaciones de unos buques cuya situación era cada vez más inestable y donde los incendios impedían una actuación convencional.

El abandono de los petroleros no puso fin a la emergencia. Con las dotaciones fuera de los barcos, el riesgo se trasladó a la posible propagación del fuego, a la integridad de los cascos dañados y a la pérdida progresiva de carga. En los siniestros de grandes petroleros, una colisión no sólo compromete la navegación: puede afectar simultáneamente a los tanques de carga, a las zonas de maquinaria, a los sistemas de control y a las vías de evacuación.

3 de agosto de 1979: El SS Atlantic Empress y el Aegean Captain chocan en  el Caribe. 26 de la tripulación del Empress y uno de la tripulación del  Captain murieron. La

El Aegean Captain logró llegar a Curaçao

Las operaciones de respuesta evolucionaron de forma distinta para cada petrolero. Bomberos de la Guardia Costera de Trinidad y Tobago lograron controlar al día siguiente el incendio a bordo del Aegean Captain. Una vez contenidas las llamas, parte de su tripulación pudo regresar al buque.

El Aegean Captain fue llevado a Curaçao, donde su carga fue descargada. Esa evolución evitó que el segundo petrolero siguiera el mismo desenlace que el Atlantic Empress, aunque no eliminó la gravedad del accidente ni sus pérdidas humanas.

La diferencia entre ambos casos ilustra el peso que tuvo la evolución de los incendios y de los daños tras el choque. Mientras uno de los buques pudo ser estabilizado y conducido a puerto, el otro quedó convertido en una plataforma en llamas, con una fuga de crudo que fue creciendo durante los días posteriores.

Una lucha prolongada contra el incendio y el vertido

En el Atlantic Empress intervino un equipo de emergencia especializado de cinco personas, formado por personal de la organización neerlandesa Smit International y de la alemana Bugsier, bajo la dirección de un inspector de salvamento de Smit International. Su objetivo era doble: tratar de controlar el incendio y contener la mancha de petróleo que ya se extendía por el mar.

Dos remolcadores, entre ellos el Smit Zwarte Zee, remolcaron el petrolero en llamas mar adentro. La decisión buscaba alejar el buque sin control de zonas más próximas a tierra mientras se intentaba contener una crisis que combinaba fuego y contaminación.

Sin embargo, las condiciones del casco y de la carga seguían deteriorándose. El 24 de julio, aproximadamente una semana después de la colisión, el Atlantic Empress continuaba ardiendo y presentaba escora, es decir, una inclinación permanente causada por la alteración de su estabilidad o por la entrada de agua y la pérdida de integridad estructural.

Ese día se produjo una explosión que incrementó la salida de petróleo. Al día siguiente, una segunda explosión, de mayor intensidad, elevó el ritmo de fuga hasta entre 26 y 57 metros cúbicos por hora. La cifra equivalía a entre 7.000 y 15.000 galones por hora y duplicaba la tasa de derrame anterior.

La progresión del accidente evidenció la dificultad de intervenir sobre un gran petrolero averiado y en llamas. El control de un incendio de este tipo no depende únicamente de extinguir las llamas: exige preservar una estructura dañada, reducir el riesgo de nuevas explosiones y evitar que las pérdidas de carga se aceleren. En el Atlantic Empress, ninguno de esos objetivos pudo consolidarse.

Collision Atlantic Empress & Aegean Captain

El hundimiento del Atlantic Empress

El petrolero se hundió finalmente el 3 de agosto de 1979, quince días después de la colisión. Para entonces había derramado 287.000 toneladas métricas de crudo en el mar Caribe.

La dimensión del vertido sitúa al accidente entre los mayores desastres petroleros marítimos registrados. El texto histórico del siniestro lo identifica como el quinto mayor derrame de petróleo documentado y el más grande originado directamente por un buque. Como referencia de escala, el vertido del Exxon Valdez, ocurrido diez años más tarde, liberó unas 37.000 toneladas métricas de petróleo, muy por debajo de las pérdidas atribuidas al Atlantic Empress.

No se aporta una profundidad del pecio ni detalles sobre su estado posterior en el fondo marino. Tampoco se documentan en la información disponible operaciones posteriores de recuperación, inspección del naufragio o medidas específicas ligadas al lugar exacto de hundimiento.

Un accidente definido por la visibilidad y la escalada posterior

La secuencia del Atlantic Empress puede resumirse en tres fases: una detección tardía en mala visibilidad, una colisión que desencadenó incendios incontrolables y una prolongada pérdida de crudo que culminó con el hundimiento.

La distancia a la que ambos petroleros se avistaron —550 metros— es un elemento central para comprender el accidente. Para buques de más de 300 metros de eslora, cargados y navegando en condiciones meteorológicas difíciles, ese margen deja un tiempo de reacción muy limitado. El cambio de rumbo del Aegean Captain no bastó para impedir el impacto.

A partir de entonces, la emergencia dejó de ser exclusivamente una cuestión de prevención de abordajes. La evacuación de las tripulaciones, el control del fuego, el remolque del casco siniestrado y la contención del crudo se convirtieron en operaciones simultáneas. La actuación permitió salvar a parte de los marinos y llevar al Aegean Captain a puerto, pero no evitó la pérdida del Atlantic Empress.

El accidente también expuso las consecuencias que puede tener la combinación de gran capacidad de carga y daños estructurales en un petrolero. El Atlantic Empress era capaz de transportar enormes volúmenes de crudo; esa capacidad, que definía su función comercial, agravó las consecuencias de la fuga cuando el buque quedó envuelto en fuego y perdió estabilidad.

El legado de una emergencia sin cierre operativo

No se recogen controversias específicas sobre el origen de la colisión, ni conclusiones técnicas oficiales posteriores sobre responsabilidades, procedimientos o deficiencias de diseño. La información disponible se centra en el desarrollo operativo de la emergencia y en el volumen final de petróleo vertido.

Lo que sí queda establecido es que el siniestro fue mucho más que un abordaje entre dos petroleros. La colisión del 19 de julio derivó en una emergencia de quince días, con 27 fallecidos entre ambos buques, una respuesta de salvamento compleja y el hundimiento de uno de los mayores transportistas de crudo de su tiempo.

El Atlantic Empress quedó asociado desde entonces a una de las mayores pérdidas de petróleo en el mar provocadas por un buque. Su historia concentra algunos de los riesgos más severos del transporte marítimo de hidrocarburos: visibilidad reducida, maniobras con escaso margen, incendios tras una colisión, evacuaciones de emergencia y la dificultad de controlar un petrolero cargado cuando su integridad estructural ya está comprometida.

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