El 26 de enero de 2016, el portavehículos MV Modern Express sufrió una grave emergencia en el golfo de Vizcaya cuando los fuertes vientos le hicieron adquirir una escora de 40 grados. El buque, que navegaba a unas 150 millas náuticas de la costa española, quedó a la deriva con una inclinación que comprometía seriamente su estabilidad y hacía imposible mantener con normalidad las operaciones a bordo.
La respuesta de salvamento permitió evacuar sin víctimas a las 22 personas de la tripulación. Sin embargo, el rescate de los marinos fue solo la primera fase de una operación más amplia: el Modern Express, impulsado por el viento y las corrientes hacia la costa francesa, podía terminar varado, con el consiguiente riesgo de contaminación. Tras varios días de incertidumbre y una compleja maniobra de remolque, el buque fue llevado a Bilbao, donde recuperó la vertical mediante el uso de sus tanques de lastre.
Un portavehículos cargado en ruta hacia Francia
El Modern Express era un buque de bandera panameña destinado al transporte de vehículos, clasificado como Pure Car Truck Carrier (PCTC). Este tipo de unidad está concebido para trasladar automóviles, camiones y otra maquinaria rodada mediante cubiertas internas adaptadas a la carga de vehículos.
Construido en 2001 en Corea del Sur, el barco era gestionado por Cido Shipping. En el momento del accidente navegaba con destino a Le Havre, en Francia, y transportaba alrededor de 3.600 toneladas de equipos de movimiento de tierras y troncos. La carga incluía también camiones, dentro de una travesía que atravesaba uno de los espacios marítimos más expuestos del litoral atlántico europeo.
El golfo de Vizcaya es un área donde los temporales pueden generar condiciones especialmente exigentes para los buques. En este caso, el factor desencadenante señalado fueron los fuertes vientos, que provocaron una rápida y severa inclinación del Modern Express mientras se encontraba mar adentro.
La escora es la inclinación transversal de un buque respecto a su posición normal de navegación. Una escora moderada puede ser corregible o temporal, pero una inclinación de 40 grados representa una situación extrema: limita la movilidad de la tripulación, dificulta el acceso a equipos y espacios operativos y reduce de forma crítica el margen de estabilidad disponible. En esas condiciones, mantener el control seguro del barco o combatir una eventual agravación de la emergencia se convierte en una tarea muy difícil.

El mayday y una evacuación completada en horas
Ante el deterioro de la situación, el Modern Express emitió una llamada de socorro. Salvamento Marítimo movilizó recursos después de recibir el mayday del buque. La prioridad inmediata fue sacar con seguridad a los tripulantes de una embarcación que ya navegaba fuertemente escorada y que, además, había quedado a la deriva.
La evacuación se realizó mediante dos helicópteros españoles. A lo largo de la tarde del 26 de enero, los 22 tripulantes fueron trasladados a salvo, sin que se registraran fallecidos. El resultado de aquella operación fue especialmente relevante por las condiciones en las que se produjo: una evacuación aérea desde un mercante con una escora tan pronunciada exige una coordinación precisa y deja poco margen ante cualquier empeoramiento del estado del mar o de la posición del buque.
El salvamento de las personas eliminó el riesgo inmediato para la tripulación, pero no resolvió el problema principal que se abría en el mar. El Modern Express permanecía sin tripulación, escorado y sometido a la acción del viento y de la corriente. La deriva lo acercaba progresivamente a la costa francesa.
La preocupación no se limitaba a la pérdida del buque. Existía el temor de que el portavehículos pudiera encallar cerca de la costa, un escenario que habría incrementado el riesgo de un incidente ambiental. La carga, la situación del casco y la propia dificultad de operar alrededor de un barco inclinado convertían el remolque en una operación urgente, aunque no necesariamente inmediata: las condiciones meteorológicas debían permitir que los equipos de salvamento trabajasen con seguridad.

Un buque a la deriva y una carrera contra el tiempo
Tras la evacuación, el Modern Express se transformó en una amenaza potencial para la navegación y para el litoral hacia el que se dirigía. El viento fuerte y la corriente arrastraban al mercante en dirección a Francia, mientras la gran escora complicaba cualquier intento de aproximación y conexión de un cable de remolque.
En los siniestros marítimos de este tipo, el remolque es una maniobra esencial, pero también delicada. No basta con fijar una línea al buque afectado: es necesario hacerlo de forma que la conexión resista los esfuerzos dinámicos provocados por el mar, el viento y el movimiento de dos embarcaciones. Una nave que presenta una escora extrema añade riesgos adicionales, porque su respuesta al oleaje y a la tensión del remolque puede ser menos predecible.
La primera fase de la operación estuvo condicionada por el mal tiempo. El intento definitivo tuvo que esperar hasta una mejora de las condiciones meteorológicas. Fue el 1 de febrero de 2016, cuando el temporal remitió, cuando SMIT Salvage, una empresa neerlandesa especializada en salvamento marítimo, logró enganchar con éxito una línea de remolque al Modern Express.
El éxito de esa maniobra evitó que el barco continuara su deriva sin control. La conexión del remolque permitió iniciar el traslado hacia un puerto en el que pudiera abordarse la estabilización del buque y la recuperación de una posición segura.
El remolque a Bilbao y la recuperación de la vertical
Una vez asegurado, el Modern Express fue remolcado hasta Bilbao. La llegada a puerto supuso un cambio decisivo en la gestión de la emergencia: en mar abierto, la prioridad había sido impedir que el buque llegase a la costa o sufriera un nuevo deterioro; ya en aguas protegidas, el objetivo pasó a ser recuperar su estabilidad.
El proceso no fue instantáneo. El portavehículos fue llevado de nuevo a posición vertical durante un periodo de más de tres semanas. La operación se realizó utilizando los tanques de lastre del buque.
Los tanques de lastre permiten embarcar o descargar agua para modificar el calado, el asiento y la estabilidad de una embarcación. En una situación como la del Modern Express, su utilización exigía una gestión gradual y controlada: el reparto de pesos dentro del casco era determinante para corregir la inclinación sin provocar nuevos desequilibrios. La recuperación de la vertical no era, por tanto, una simple maniobra de bombeo, sino una intervención técnica prolongada sobre la condición de estabilidad del barco.
La llegada a Bilbao y el adrizamiento evitaron el escenario más temido durante los primeros días de la emergencia: que el mercante acabara varado en la costa francesa. También demostraron la importancia de separar dos fases que a menudo se confunden en la percepción pública de un accidente marítimo. La primera fue la salvaguarda de la vida humana, resuelta con la evacuación aérea de toda la tripulación. La segunda consistió en controlar el riesgo que representaba el buque abandonado y devolverlo a una condición manejable.

Fuertes vientos, pero sin una investigación detallada disponible
La causa principal identificada para el accidente fueron los fuertes vientos que afectaban al golfo de Vizcaya el 26 de enero. Esos vientos llevaron al Modern Express a desarrollar la escora de 40 grados mientras navegaba hacia Le Havre.
No se dispone de una investigación oficial detallada que permita atribuir el siniestro a factores adicionales, como una distribución concreta de la carga, deficiencias estructurales, problemas operativos o fallos de los sistemas del buque. Por ello, no resulta posible establecer más allá de los hechos conocidos cómo se produjo exactamente la pérdida de estabilidad ni qué elementos pudieron haber influido en su evolución.
La carga del barco —maquinaria de movimiento de tierras, camiones y troncos— era considerable y se encontraba a bordo de un portavehículos, un tipo de buque con amplios espacios internos para carga rodada. Sin embargo, la información disponible no permite afirmar que hubiera desplazamientos de carga ni que estos desempeñaran un papel en el accidente. Cualquier conclusión en ese sentido sería especulativa.
La ausencia de víctimas no reduce la trascendencia técnica del caso. Una escora de 40 grados en un mercante constituye una emergencia mayor, tanto por el peligro para quienes se encuentran a bordo como por la posibilidad de pérdida total del buque. La evacuación de toda la tripulación antes de una eventual agravación fue una decisión clave en la evolución final del episodio.
Seguridad marítima: dos prioridades, vidas y control del riesgo
El caso del Modern Express puso de relieve la secuencia de prioridades que guía las grandes emergencias en el mar. En primer lugar se encuentra la vida humana: la evacuación de los 22 tripulantes impidió que un accidente de estabilidad se transformara en una tragedia personal. En segundo término, la atención se centró en controlar el buque para reducir los riesgos de varada y de daño ambiental.
La intervención combinó recursos públicos de rescate y capacidad especializada de salvamento. Salvamento Marítimo respondió a la alerta y realizó la evacuación con helicópteros, mientras que el remolque fue finalmente asegurado por SMIT Salvage cuando las condiciones mejoraron. Esta combinación permitió abordar una crisis que requería actuaciones diferentes: rescate aéreo, seguimiento de una nave a la deriva y posterior estabilización en puerto.
El accidente también muestra hasta qué punto las condiciones meteorológicas pueden determinar los tiempos de respuesta. Aunque existía la necesidad de remolcar al Modern Express cuanto antes, los equipos debían esperar una ventana operativa que hiciera viable conectar una línea de remolque a un barco severamente escorado. La mejora del tiempo el 1 de febrero abrió esa oportunidad.
No constan revisiones regulatorias, cambios normativos ni medidas posteriores específicas vinculadas al siniestro. Tampoco se conocen, a partir de la información disponible, resoluciones técnicas o administrativas que asignaran responsabilidades por la emergencia. El relato documentado se centra en la sucesión de los hechos: temporal, escora, evacuación, deriva, remolque y estabilización.

De Bilbao al desguace en Turquía
La recuperación del Modern Express en Bilbao no significó su regreso al servicio. Posteriormente, Maritime Executive, responsable de la gestión del barco, informó de su llegada al puerto de desguace de Aliağa, en Turquía. Esa llegada apuntaba a que el buque sería desguazado en vez de reparado.
El desenlace refleja la dimensión material del accidente. Aunque el portavehículos pudo ser rescatado, remolcado y adrizado, la opción aparente fue no devolverlo a la navegación comercial. No se produjo un naufragio ni quedó un pecio en el fondo marino, pero la emergencia dejó fuera de servicio a un buque que había requerido una operación prolongada para recuperar la vertical.
El Modern Express quedó así asociado a uno de los episodios más llamativos de salvamento marítimo en el golfo de Vizcaya en 2016: un portavehículos inclinado de forma extrema, una tripulación evacuada sin pérdidas humanas y una operación de remolque que evitó que la deriva terminara en una varada costera.
Explora los grandes accidentes marítimos de la historia ⚓🆘🔍
Naufragios, colisiones, incendios y siniestros que marcaron la navegación y transformaron la seguridad marítima. Descubre nuestra colección de investigaciones sobre algunos de los accidentes marítimos más relevantes de la historia.
Ver todos los accidentes marítimos →