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MV Rena: el encallamiento que convirtió el arrecife Astrolabe en el epicentro de una crisis ambiental

MV Rena: el encallamiento que convirtió el arrecife Astrolabe en el epicentro de una crisis ambiental
⚓ DATOS DEL ACCIDENTE
📅 Fecha: 5 de octubre de 2011
🚢 Tipo de buque: Buque portacontenedores
🇱🇷 Bandera: Liberia
🔢 IMO: 8806802
📍 Lugar: Arrecife Astrolabe, frente a Tauranga, Nueva Zelanda

El 5 de octubre de 2011, el portacontenedores MV Rena embarrancó de madrugada en el arrecife Astrolabe, frente a Tauranga, en Nueva Zelanda. El accidente desencadenó un derrame de combustible, la pérdida de contenedores y la progresiva rotura del buque, en un área de alto valor pesquero y ambiental.

El siniestro fue descrito como el peor desastre ambiental marítimo de Nueva Zelanda. Más allá del impacto inmediato sobre playas, aves y recursos marinos, el caso dejó al descubierto fallos de navegación, presión operativa tras un retraso en puerto y limitaciones en los medios de prevención y respuesta disponibles entonces.

Ubicación del accidente

📍 Arrecife Astrolabe, frente a Tauranga, Nueva Zelanda — 37.56039°S, 176.396466°E

Un portacontenedores en ruta hacia Tauranga

El Rena era un buque portacontenedores de bandera liberiana, registrado en Monrovia y construido en 1990. Medía 236 metros de eslora y 32,2 metros de manga, con un arqueo bruto de 38.788 GT y un peso muerto de 47.231 toneladas.

Propiedad de la naviera griega Costamare Inc. a través de su filial Daina Shipping, el barco navegaba desde Napier hacia Tauranga. A bordo transportaba 1.368 contenedores, de los cuales ocho contenían mercancías peligrosas. También llevaba aproximadamente 1.700 toneladas de fuel pesado y 200 toneladas de gasóleo marino, una carga de combustible que agravaría las consecuencias del encallamiento.

La travesía se desarrollaba con meteorología despejada. Sin embargo, el buque acumulaba un retraso desde su escala anterior. El Rena había llegado a Napier e iniciado la descarga, pero tuvo que permanecer a la espera en el puerto debido a la llegada de otro barco con prioridad de atraque. Esa circunstancia demoró su salida 13 horas.

La aproximación que llevó al arrecife

A las 2:20 de la madrugada del 5 de octubre, el Rena navegaba a 17 nudos —unos 31 km/h— cuando chocó contra el arrecife Astrolabe, en las coordenadas 37.56039°S y 176.396466°E. El impacto se produjo mientras el barco trataba de recuperar tiempo para llegar a la estación de prácticos de Tauranga antes de las 3:00.

La investigación de la Comisión de Investigación de Accidentes de Transporte de Nueva Zelanda estableció posteriormente que se había trazado una ruta más directa de lo habitual hacia Tauranga, un rumbo que aproximaba al buque al arrecife. El informe provisional, publicado el 8 de marzo de 2012, no atribuyó responsabilidades, pero reconstruyó una secuencia decisiva: a las 2:05 se detectó de forma intermitente un eco de radar; al no observarse nada mediante prismáticos, la señal fue ignorada. Nueve minutos después, a las 2:14, el buque golpeó el arrecife.

El encallamiento dejó inicialmente al Rena con una escora de 11 grados a babor y con la proa apoyada sobre el arrecife. Aunque el barco no se partió de inmediato, el daño estructural y la exposición al oleaje transformaron rápidamente una varada en una emergencia de contaminación y salvamento.

Aerial view of grounded ship Rena
New Zealand Defence Force from Wellington, New Zealand / Wikimedia Commons / CC BY 2.0 · Fuente

Petróleo hacia la costa y una emergencia creciente

El 9 de octubre, una mancha de hidrocarburos de unos cinco kilómetros de longitud amenazaba la fauna y los caladeros de la zona. Al día siguiente, el fuel comenzó a llegar a la playa de Mount Maunganui.

La situación empeoró durante la noche del 10 de octubre. El mal tiempo desplazó el casco más adentro sobre el arrecife y causó daños adicionales. La tripulación fue evacuada, mientras se estimaba que entre 130 y 350 toneladas de petróleo se habían fugado como consecuencia de ese nuevo movimiento del buque.

No se han difundido cifras de fallecidos o supervivientes vinculadas al accidente. La emergencia humana se centró en la evacuación de la dotación y en los riesgos derivados de la contaminación, tanto para los equipos desplegados como para la población costera.

Los fuertes vientos de la noche del 11 de octubre provocaron que el Rena escorara 19 grados a estribor. Entre 30 y 70 contenedores cayeron al mar; ninguno de ellos contenía carga peligrosa. Algunos comenzaron después a aparecer en la isla de Mōtītī. Las imágenes aéreas del 12 de octubre mostraron además una gran grieta en el casco y un contenedor flotando rodeado de humo, lo que alimentó el temor a una reacción química.

El 13 de octubre, Maritime New Zealand ordenó el cierre al público de las playas entre Mount Maunganui y Maketu Point, incluido el estuario de Maketu. También se advirtió a los voluntarios de que el contacto con el petróleo podía causar vómitos, náuseas y erupciones cutáneas, y se pidió a los residentes que cerraran las ventanas para limitar la exposición a los vapores.

Un casco partido y una operación de salvamento bajo presión

El 14 de octubre, se informó de que el casco se había agrietado por la mitad. Proa y popa permanecían unidas únicamente por estructuras internas y por el propio apoyo sobre el arrecife. El cambio en la dirección del viento abría además la posibilidad de que la contaminación se extendiera hacia Whakatāne y Ōpōtiki.

La mejora temporal del tiempo permitió iniciar una intervención más organizada. El 15 de octubre, especialistas en salvamento lograron acceder al buque para preparar la transferencia del combustible a una barcaza. Se instalaron plataformas en el costado del casco y el bombeo comenzó el día 16. Sin embargo, el avance inicial fue lento: para el 17 de octubre se habían retirado solamente 20 toneladas de petróleo.

La empresa Svitzer fue contratada para evaluar la seguridad de los equipos y continuar las labores de salvamento. Los técnicos eran trasladados en helicóptero al barco, al considerarse el método más seguro dadas las condiciones del pecio. La operación se concentró en retirar el fuel, recuperar contenedores y recoger los residuos liberados.

La compañía propietaria pidió disculpas a la población de Tauranga por lo que calificó de acontecimiento desastroso. Mediterranean Shipping Company, fletadora del buque, se comprometió a colaborar con los costes de limpieza, aunque no tenía obligación legal de hacerlo.

Army soldiers cleaning Papamoa Beach after oil from the grounded ship Rena reached shore.
New Zealand Defence Force / Wikimedia Commons / CC BY 2.0 · Fuente

La ruptura definitiva del Rena

Después de octubre, el objetivo pasó a ser retirar la mayor cantidad posible de carga antes de que la estructura cediera por completo. En enero de 2012, el Rena se partió definitivamente en dos y la sección de popa se deslizó fuera del arrecife y terminó hundiéndose.

Durante la rotura escaparon pequeñas cantidades adicionales de petróleo y contenedores. A fecha de 23 de marzo de 2012, se habían recuperado 649 contenedores y se consideraba que en el buque quedaban solo unas decenas de toneladas de combustible.

La retirada del pecio y la limpieza supusieron un coste estimado de 235 millones de dólares neozelandeses para Daina Shipping, según lo publicado sobre la operación. Lloyds cifró los costes asegurados de retirada del naufragio en 240 millones de dólares estadounidenses.

La situación de los restos del Rena siguió siendo objeto de debate. Tras un temporal, parte de la estructura cayó desde el arrecife al lecho marino y expertos en demolición submarina consideraron demasiado peligrosa su retirada. El Gobierno aceptó una compensación de 10 millones de dólares por no retirar determinados restos, una decisión cuestionada por tres grupos iwi de Bay of Plenty, que denunciaron no haber sido consultados adecuadamente.

Fauna afectada y una recuperación de largo recorrido

La carga de combustible convirtió el siniestro en una crisis ecológica. El petróleo alcanzó playas de Mount Maunganui y Papamoa y obligó a clausurar tramos costeros mientras se desarrollaban las tareas de limpieza. Se estimó que en Bay of Plenty podría ser necesario retirar más de 1.000 toneladas de arena para extraer el hidrocarburo contaminante.

El entorno afectado albergaba el raro chorlitejo punteado neozelandés y otras 25 especies de aves autóctonas. Equipos de rescate de fauna y voluntarios organizaron instalaciones para capturar, limpiar y rehabilitar animales. También se recogieron algunas focas para mantenerlas alejadas del petróleo.

Uno de los símbolos de la respuesta fue la atención a los pequeños pingüinos azules. Se confeccionaron prendas para ayudar a evitar que los animales ingiriesen petróleo durante el acicalamiento y para reducir la pérdida de temperatura. Durante la emergencia ingresaron 383 pingüinos azules contaminados en instalaciones de atención a fauna. De ellos, 365 fueron liberados posteriormente; 18 murieron o tuvieron que ser sacrificados. También se recuperaron 89 pingüinos muertos afectados por petróleo.

Las estimaciones recogidas durante la crisis situaron en torno a 2.000 las muertes de aves marinas, mientras que hasta 20.000 aves pudieron verse afectadas indirectamente por la contaminación de sus ecosistemas y fuentes de alimento. Las consecuencias sobre peces, moluscos, crustáceos, mamíferos marinos y bosques de algas requerían, sin embargo, una evaluación a largo plazo.

Para acelerar la respuesta, Maritime New Zealand utilizó el dispersante Corexit 9500 durante una semana. Su empleo se suspendió después de que los resultados fueran considerados no concluyentes. El producto era conocido por aumentar la toxicidad del petróleo, un elemento relevante en la discusión sobre las herramientas disponibles para responder a derrames en el mar.

ニュージーランド国のワイヒ・ビーチに打ち上げられた漂流コンテナ。
pbkwee / Wikimedia Commons / CC BY 2.0 · Fuente

Navegación, presión operativa y fallos de prevención

El accidente reveló una combinación de circunstancias operativas y de navegación. El retraso sufrido en Napier generó presión para recuperar tiempo en la ruta hacia Tauranga. La investigación describió una derrota más directa, el aviso radar no atendido y la posterior colisión con el arrecife.

También se señaló que el Rena carecía de chartplotter, un equipo de navegación habitual capaz de mostrar de forma inmediata la posición del buque y los peligros de la derrota. La ausencia de este dispositivo fue especialmente significativa en un accidente causado por una aproximación hacia un obstáculo fijo y cartografiado.

El arrecife tampoco estaba marcado por una luz; la referencia luminosa más próxima era la isla de Mōtītī, situada a más de siete kilómetros. La investigación final de la Comisión de Investigación de Accidentes de Transporte concluyó que una luz en el arrecife probablemente habría evitado el desastre. Maritime New Zealand planteó dudas sobre la relación coste-beneficio de mantener una señal luminosa y estudiaba avisos mediante AIS, el sistema de identificación automática de buques.

Posteriormente, las cartas náuticas pasaron a mostrar una boya y una luz para señalar la zona de exclusión de dos millas náuticas aplicable a barcos de más de 500 toneladas. La modificación refleja hasta qué punto el siniestro reabrió el debate sobre la señalización de peligros locales y las barreras de prevención necesarias en derrotas de tráfico comercial.

Responsabilidades penales y preparación ante derrames

El capitán compareció ante el Tribunal de Distrito de Tauranga el 12 de octubre de 2011, acusado de operar un buque de forma que causara peligro o riesgo innecesario para personas o bienes. El segundo oficial, responsable de la navegación en el momento del accidente, fue acusado al día siguiente.

Ambos, de nacionalidad filipina, se declararon culpables de once cargos en conjunto, entre ellos el intento de pervertir el curso de la justicia mediante la alteración de documentos de navegación tras el encallamiento. El 25 de mayo de 2012, el capitán Mauro Balomaga y el oficial de navegación Leonil Relon fueron condenados a siete meses de prisión cada uno.

Las condenas incluyeron infracciones de la Ley de Transporte Marítimo por operar el buque de un modo susceptible de causar peligro, de la Ley de Gestión de Recursos por descargar un contaminante y cargos vinculados a la modificación deliberada de documentación del barco.

La respuesta institucional también fue examinada. En 2011 había alrededor de 400 personas formadas para responder a derrames de petróleo en Nueva Zelanda, pero el Marine Pollution Response Service estimó que solo unas 60 habían alcanzado un nivel alto de capacitación. El organismo reclamó una formación más avanzada y una mejora de la información y preparación entregadas a los equipos.

En diciembre de 2020, buceadores informaron de que el pecio estaba convirtiéndose en un bosque de algas en recuperación. Al mismo tiempo, se mantenía la vigilancia de posibles piezas de acero que pudieran desprenderse y dañar el arrecife, así como de entre cinco y diez toneladas de cobre granulado atrapadas bajo el casco. El seguimiento previsto para las dos décadas siguientes confirma que, años después del encallamiento, el legado del Rena sigue ligado tanto a la recuperación ambiental como a la seguridad de un pecio asentado en un arrecife vulnerable.

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