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Cabo Machichaco: el incendio portuario que llevó la catástrofe al corazón de Santander

Cabo Machichaco: el incendio portuario que llevó la catástrofe al corazón de Santander
⚓ DATOS DEL ACCIDENTE
📅 Fecha: 3 de noviembre de 1893
🚢 Tipo de buque: buque de carga general
🇪🇸 Bandera: España
📍 Lugar: Muelle 1, puerto de Santander, España

El 3 de noviembre de 1893, el vapor de carga Cabo Machichaco ardía atracado en el Muelle 1 del puerto de Santander cuando una explosión de dinamita destruyó gran parte de su proa y extendió sus efectos por la ciudad. El siniestro causó centenares de muertos, arrasó edificios, hundió embarcaciones cercanas y paralizó durante días la capacidad de respuesta de las autoridades locales.

La tragedia no fue únicamente consecuencia de un incendio a bordo. El buque transportaba más de 51 toneladas de dinamita, una carga que superaba el límite legal permitido y cuya descarga en el puerto urbano estaba restringida. La concentración de curiosos junto al muelle, la presencia de equipos de auxilio y la dificultad para controlar el fuego convirtieron una emergencia marítima en el peor desastre español en tiempo de paz del siglo XIX.

Un carguero de hierro en la línea entre Bilbao y Marsella

El Cabo Machichaco era un vapor de carga de casco de hierro, construido en Inglaterra en 1882 con el nombre de Benisaf. Medía 79,2 metros de eslora y 10,3 metros de manga, y tenía un arqueo bruto de 1.689 toneladas.

El buque había sido construido en Wallsend, en el nordeste inglés, para el armador francés Jules Mesnier. Contaba con tres bodegas, una máquina de vapor compound de dos cilindros y una sola hélice. Su velocidad era de unos ocho nudos. La cámara de máquinas, las carboneras, el puente y su única chimenea se situaban en la zona central, entre las bodegas segunda y tercera.

En 1886 fue adquirido por Ybarra y Compañía, que lo rebautizó como Cabo Machichaco y lo matriculó en Sevilla. La naviera lo integró en su servicio regular de carga entre Bilbao y Marsella, con escalas intermedias. Su nombre respondía a la costumbre de la compañía de bautizar parte de su flota con referencias a cabos de la costa española.

A finales de octubre de 1893, el vapor zarpó de Bilbao con un cargamento heterogéneo: barras, chapas y lingotes de hierro, harina, vino, papel, tabaco, madera, hojalata y otros productos. Entre aquella mercancía viajaba un elemento de especial riesgo: más de 51 toneladas de dinamita distribuidas en 1.720 cajas.

También llevaba 12 toneladas de ácido sulfúrico en 20 frascos de vidrio situados sobre cubierta. La mayor parte de la dinamita —unas 40 toneladas— estaba estibada en las dos bodegas de proa, mientras que otras 11 toneladas se encontraban en la bodega número tres. La carga tenía como destinos principales Sevilla y Cartagena, aunque 20 cajas debían descargarse en Santander.

Drawing of the steamship Cabo Machichaco , which exploded at Santander in 1893.
Unknown author Unknown author / Wikimedia Commons / Public domain · Fuente

Una carga por encima del límite y un muelle inadecuado

La legislación española prohibía que un buque mercante transportase más de 43 toneladas de dinamita. El Cabo Machichaco superaba ese límite. Además, desde 1889 las normas del puerto de Santander establecían que la dinamita debía descargarse lo más lejos posible de la ciudad.

La mercancía explosiva debía trasbordarse a gabarras frente a la península de La Magdalena o desembarcarse en los muelles 7 y 8 de Maliaño. Su manipulación en la dársena principal, dentro del frente urbano de Santander, estaba prohibida.

El contexto previo añadió otra complicación. En octubre de 1893 se había declarado cólera en Bilbao, por lo que el Cabo Machichaco tuvo que permanecer diez días fondeado en cuarentena antes de poder entrar en Santander. La mañana del 3 de noviembre accedió finalmente al puerto y, hacia las 07.00 horas, atracó en el Muelle 1.

Se trataba de un embarcadero de madera, situado en el centro del frente marítimo urbano y extendido unos 50 metros desde tierra. Las operaciones de descarga comenzaron alrededor de las 08.00 horas. Parte de la mercancía, incluidas 29 toneladas de papel, fue trasladada al vapor Navarro, amarrado cerca del Cabo Machichaco.

El incendio en la bodega número dos

Hacia las 14.00 horas, se detectó humo procedente de la bodega número dos. La tripulación utilizó una bomba y mangueras para combatir el fuego, mientras el servicio municipal de bomberos se hizo cargo de la intervención. El incendio atrajo rápidamente a numerosos vecinos, que se congregaron en el muelle y sus inmediaciones para observar las labores de extinción.

A las 14.45 se sumaron a la emergencia siete tripulantes del vapor Vizcaya. Sin embargo, una hora después las bodegas primera y segunda seguían ardiendo. El fuego afectaba, precisamente, a la zona del barco donde estaba estibada la mayor parte de la dinamita.

El capitán, Facundo Léniz, tomó entonces la decisión de inundar las bodegas de proa para sofocar las llamas. Era una medida de emergencia comprensible ante un incendio que no cedía, pero tenía importantes consecuencias operativas: al inundarse la parte delantera del buque también podían anegarse la cámara de máquinas y las carboneras. Eso habría detenido la maquinaria y dejado inservibles los equipos accionados por vapor, entre ellos bombas, cabrestantes y molinetes.

La respuesta movilizó a marinos de otros buques presentes en el puerto. El capitán Francisco Jaureguizar y Cagigal, al mando del trasatlántico Alfonso XIII, llegó hacia las 16.00 horas en una lancha de vapor acompañado por un oficial y unos 40 tripulantes. También participaron hombres de los vapores Catalina, Eden y Galindo.

La operación tenía ya dos objetivos: controlar el incendio y salvar los efectos que aún pudieran retirarse del barco antes de que las llamas se propagasen. Los tripulantes del Cabo Machichaco arriaron sus botes salvavidas para evitar que fueran destruidos por el fuego.

Cabo Machichaco en el muelle de Santander
Unknown author Unknown author / Wikimedia Commons / Public domain · Fuente

La explosión que devastó el puerto

Para acelerar el hundimiento de la proa e inundar las bodegas, se decidió abrir una vía de agua en el costado de babor. Los hombres comenzaron a trabajar con mazas y cinceles en frío. Poco después, hacia las 16.45 horas, la dinamita almacenada en la bodega número dos explotó.

La fuerza inicial de la detonación se proyectó hacia arriba. Murieron todas las personas situadas en la parte delantera del barco, incluidos los hombres llegados desde el Alfonso XIII. Se salvaron, en cambio, parte de quienes trabajaban a popa de la superestructura retirando objetos y mercancías.

El capitán Léniz murió junto a aproximadamente la mitad de su tripulación. Todos sus oficiales fallecieron salvo el jefe de máquinas. La proa del buque quedó prácticamente destruida.

La explosión lanzó al aire grandes piezas de hierro del propio casco y de la carga, además de cientos de toneladas de lodo y agua del puerto. Algunos fragmentos metálicos llegaron a pesar hasta 300 kilos. La mayoría de los restos cayó en un radio de unos 700 metros, aunque otros alcanzaron distancias de hasta cinco kilómetros.

Una información de la época sostuvo que una de las anclas del buque cayó a unos 730 metros y destruyó una vivienda. La onda expansiva fue tan intensa que produjo un temblor perceptible en la ciudad.

El desastre alcanzó una dimensión especialmente grave por la multitud reunida en las cercanías. Se calcula que entre 3.000 y 4.000 personas contemplaban el incendio, muchas de ellas a menos de 200 metros del barco. La mayor parte de las víctimas no se encontraba a bordo: estaba en tierra, junto al muelle, o participaba en las labores de auxilio.

Unas 300 personas murieron de forma inmediata. La cifra casi se duplicó en las semanas posteriores, a medida que los heridos fallecieron por la gravedad de sus lesiones. La principal causa de muerte fue el impacto de los fragmentos expulsados por la explosión. También hubo víctimas por la onda expansiva y por ahogamiento tras ser arrojadas al agua.

Una ciudad sin capacidad de respuesta

El Cabo Machichaco no solo destruyó parte de sí mismo. Las consecuencias alcanzaron el entorno urbano y la estructura de servicios públicos de Santander. Entre 65 y 70 edificios fueron destruidos, mientras las olas generadas en la dársena hundieron varias embarcaciones que se encontraban cerca del vapor.

Gran parte de los restos proyectados estaban calientes o incendiados. Al caer sobre las construcciones próximas, provocaron fuegos en distintos puntos de la ciudad. Bomberos procedentes de Bilbao, San Sebastián y otros lugares de la provincia acudieron para contener los incendios.

Santander perdió a la mayor parte de su cuerpo de bomberos. También fallecieron 27 de los 29 miembros de la Guardia Civil destinados en la ciudad. Murieron, además, el gobernador de Santander y Arturo Pombo y Villamerie, marqués de Casa Pombo. La administración local quedó gravemente afectada por la pérdida de responsables y efectivos en el mismo momento en que debía gestionar una catástrofe de enormes proporciones.

El Gobierno envió al ministro de Hacienda, Germán Gamazo, para asumir la dirección de la situación. El Ejército fue movilizado para retirar escombros y restos humanos en tierra.

En el puerto se desplegaron inicialmente buzos con suministro de aire desde superficie para recuperar cadáveres. Sin embargo, la cantidad de cuerpos y el estado en que se encontraban llevó a los buzos a pedir ser relevados de aquella tarea. Fueron sustituidos por personas embarcadas que utilizaron garfios para extraer los restos del agua.

The "Cabo Machichaco" after the first explosion.
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La segunda explosión, cuatro meses después

La primera detonación no acabó con el peligro. En la bodega número tres permanecieron bajo el agua unas 11 toneladas de dinamita sin explotar, con fugas de nitroglicerina. El pecio seguía siendo una amenaza dentro del puerto.

El 15 de marzo de 1894, cuatro meses después de la catástrofe inicial, llegó a Santander una junta técnica integrada por especialistas de la Armada, el Ejército y la administración civil. Su misión era decidir cómo resolver el problema de la carga todavía sumergida.

Al día siguiente, el organismo acordó recuperar la mercancía, incluida la dinamita, mediante trabajos de salvamento nocturnos. El 21 de marzo, un buzo inició su labor en la bodega número tres hacia las 20.00 horas. A las 21.10 se produjo una nueva explosión.

La segunda detonación causó al menos 18 muertos y siete heridos, además de destruir buena parte del equipo utilizado por la Junta de Obras del Puerto en las operaciones de salvamento. Esta vez, el accidente reavivó la indignación de la población.

Hubo intentos de atacar las viviendas del gobernador civil y del ingeniero responsable de los trabajos. Tras el funeral de las 18 víctimas, celebrado el 24 de marzo, parte de la multitud arrojó piedras contra la oficina de Ybarra en Santander. La Guardia Civil intervino con bayonetas caladas y disparos al aire; se informó de heridos entre civiles y agentes. Algunos manifestantes llegaron después al puerto y cortaron las amarras de otro barco de la compañía.

El final del pecio y la memoria del desastre

El 30 de marzo de 1894, la cañonera Condor de la Armada utilizó cargas explosivas para dispersar los restos del Cabo Machichaco. El buque había quedado hundido de forma parcial tras la primera explosión, y sus restos continuaron siendo un elemento presente en el puerto durante décadas.

En 1947, cuando se amplió el muelle hacia aguas más profundas, se dragó la zona antes de comenzar las obras. Durante aquellos trabajos apareció parte de la proa del antiguo vapor.

La sucesión de explosiones puso de manifiesto los riesgos de transportar y manipular mercancías explosivas en un puerto integrado en el centro urbano. En el caso del Cabo Machichaco, el volumen de dinamita excedía el límite legal y su presencia en el Muelle 1 contradecía las restricciones vigentes para ese tipo de carga. La emergencia evidenció, además, cómo la llegada de equipos de ayuda y de una multitud de espectadores podía aumentar drásticamente la exposición humana cuando el peligro no estaba delimitado.

La ciudad mantiene el recuerdo del siniestro en la actual Plaza del Machichaco. En 1896 se levantó allí un monumento junto al frente marítimo, cerca del lugar de la explosión. La obra, diseñada por el arquitecto municipal Valentín Casalís, consiste en una gruesa cruz de piedra con las fechas de las dos detonaciones y una figura de bronce de una mujer afligida, obra de Cipriano Doiztúa.

Cada 3 de noviembre, el Ayuntamiento de Santander celebra un acto conmemorativo ante ese monumento. La memoria del Cabo Machichaco permanece vinculada a un accidente marítimo cuyas consecuencias desbordaron el puerto y marcaron a toda la ciudad.

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